lunes, 25 de julio de 2011

La vida como un remolino.

La vida, a veces, nos sumerge en un intenso remolino de aguas sucias.
No es posible salir airoso de él, la solución no es huir, nadar en la dirección opuesta al remolino sólo provocará que nos ahoguemos antes. Salir corriendo, no afrontar cuánto temes, no tomar las decisiones precisas y necesarias, sólo provocará que se acumulen cada vez más y más los asuntos pendientes que no te permiten seguir con tu vida, que te oprimen el corazón con cada paso, que no te dejan ser feliz.
Dejarse llevar por el remolino tampoco es una opción.
El agua arrastra hierbajos, tierra, troncos, ramas, suciedad… todo esto sólo conseguirá ahogarnos.
Ahogarte, entre toda la basura que se va apoderando, poco a poco, de tu vida, o lo que de ella queda. Dejarse llevar por los problemas, consumirse, sucumbir al malestar, no buscar una salida, abandonarse… entregando tu vida a un destino que no existe, al destino que tú escogiste.
Dejar que un remolino, espontáneo, curioso e inoportuno decida por ti es la manera más cómoda e inmadura de reaccionar.

Cuanto debemos hacer es continuar el sendero de nuestro remolino, no abatirnos y dejarnos arrastrar, sino nadar en el sentido de los problemas, tarde o temprano nuestro propio remolino nos vomitará asqueado de la asombrosa fuerza de voluntad que habremos conseguido.
La fuerza centrífuga, o lo que aquí es lo mismo, la energía, vitalidad, empeño y ganas con que enfrentemos cada uno de los retos, cada una de las decisiones, cada problema, cada ilusión y cada desengaño, serán nuestras armas para combatir el peso de una carga que no nos corresponde, una carga innecesaria que sólo cubre de polvo al corazón y lo convierte en un órgano abatido, tibio de desesperanza.
Será nuestra entereza, nuestro deseo innato por ser mínimamente felices en una sociedad que se pudre por momentos.
Porque nadie está obligado a llenar su alma, su corazón, su interior, su vida, su mundo o como quiera que lo llame, con el peso del odio, el rencor, el arrepentimiento o la culpa.
No estamos obligados a condenarnos, no, mientras nos queden días, horas, minutos para decidir dar media vuelta y nadar, nadar, nadar y seguir nadando hacia el interior de un remolino, que no es más que nuestra propia vida. Quién cuidará de ella si nosotros la abandonamos, quién cuidará de nosotros si ni siquiera nosotros mismos tenemos confianza en que saldremos adelante.
Ahora quítate la coraza, descárgate, libérate del peso que carga tu corazón.
No te eches encima más problemas, no te los mereces, reinicia la búsqueda hacia tu interior, no tengas prisa, recuerda que tu vida es solamente tuya y ningún dolor dura cien años.
Quiérete, porque yo, sin conocerte, ya te quiero. Por algo estás leyendo esto justo ahora…  ;D
No importa cuánto tardes, lo que importa es que lo consigas si eso es lo que te hará feliz.


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