lunes, 25 de julio de 2011

Coraje.

Furia, fuego, ansiedad, rencor…
Retales oscuros de un alma cálida y brillante.
Sombras fugaces de rayos de luz…
Nos salpican, nos agitan, nos conmueven, nos empujan, nos transforman, nos lastiman una y otra vez…
Cegados por su intensidad, por su atracción infinita, por el morbo que contagian, por el sentimiento de fuerza inagotable que parece corroernos por dentro; así, lastimamos.
Afectados doblemente buscamos refugio en sombras que no desaparecen, en destellos de falsa calidez, en promesas improbables de sueños a medio camino…
Y olvidamos, o no.                                                                                                                                                                             Y  esos retales dañinos nos maltratan, nos confunden, nos aíslan condenándonos a vagar errantes y errados, a suspirar sin ser oídos consumidos en nuestras propias tempestades, dejando que la lluvia nos empape y nos hiera, nos atormente y salpique a muchos más…
Levanta la mirada, llénate de luz, saca tu paraguas y enfrenta a ese fantasma.
Atácalo con risas, envuelve tus miedos en papel mojado y arrójalos al mar, que la lluvia los guíe corriente abajo, para que tarden más en regresar.
Cuídate, lleva siempre chubasquero y aprende a sonreír con intensidad.
Poco a poco, paso a paso, las sonrisas crecen como la lluvia si se cuidan, y son igualmente salpicadoras y contagiables.

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